lunes, 24 de agosto de 2009

Sobre mi miedo

Le tengo miedo a la muerte. Este es mi miedo sacro: la muerte. No es pavor, ni terror, ni horror, sino más bien miedo en estado puro, en su esencia y abstracción.

El miedo es una especie de respeto implícito pero a la vez explícito: lo sientes desde que naces hasta que mueres, su fondo es siempre el mismo pero se manifiesta de formas diferentes, a veces exagerándose, otras intensificándose, otras escondiéndose. El miedo es algo más espeso, lúgubre y extraño que el terror o el pavor, simples sentimientos. El miedo es una eterna duda que yace en nuestra conciencia: una duda, una pregunta, una cuestión sin respuesta alguna que te hace reflexionar si hay algo más allá de esta vida –que en la cultura occidental posee extrema importancia–.

Pues eso, que a lo único que temo de verdad es a la muerte. Después de haberlo pensado hondamente y haber reflexionado semidesnudo, con solo unos gallumbos o bañador, y envuelto en un halo de humedad barcelonesa de mitades de Agosto tórrido, momentos en los que el cuerpo se para como por arte de los automatismos orgánicos que todos poseemos (órganos, músculos, venas y demás) y el alma se para a repasar recuerdos y a analizar pensamientos personales que ni siquiera pensaba que rondaban por los sesos, llegué a la conclusión lacónica y pusilánime que la muerte me hace sentir verdadero miedo. Todo lo que envuelve a la muerte (el cómo, el qué, el porqué, el cuándo y el dónde) me cotiza miedos de altas temperaturas, llegando a paralizarme en mis pensamientos feos, malos u oscuros, veces que no deseo pero que, ay, razono.

sábado, 11 de julio de 2009

Mi Futbol Club Barcelona

escut_bo11

Jamás unos colores han sido tan potentes como los azulgrana durante la última temporada 2008-09. Yo nunca me había sentido tan orgulloso de ser culé. Y como muchos de ellos, yo también tengo mi propia idea sobre cómo debería rular este club deportivo tan grande e importante para Catalunya, España, Europa y el mundo del deporte en general. Tal vez este post sea pretencioso y algo impertinente, sin embargo me adjunto al derecho de Internet en el que cualquier ser humano puede expresar lo que le salga de los puñeteros cataplines en la red virtual. Ahí voy.

Ante todo el FCB debería concretarse de una forma más amplia, en el sentido deportivo. La Junta Directiva, encabezada por un presidente, debería mostrarse por encima de las secciones deportivas. Es decir, el presidente no sería el último responsable de atar fichajes de fútbol o baloncesto o balonmano; el presidente sería el encargado de velar que todas las secciones deportivas de atañen a los valores del club y a no querer exceder en la cuantía pecuniaria de fichajes. Pongamos un ejemplo: si llegado el verano el entrenador del primer equipo de fútbol decide comprar un jugador, el presidente debería solamente dedicarse a entablar diplomacia con el club vendedor para luego dejar las negociaciones al manager de fútbol. Cada sección debería contar con una cantera propia, tan estructurada como la que el fútbol del Barça posee. Se trataría de entregar al Barça una estabilidad en lo deportivo que fuese la herencia de la estabilidad en lo que respecta a la entidad.

Como todo el mundo culé sabe, el FCBarcelona se estructura de la siguiente manera: dentro de una larga marea de aficionados están los socios, quienes eligen en unas elecciones a un grupo de socios con aval económico importante para encabezar jerárquicamente al club. Está pensado como una democracia. Y los socios pueden pedir explicaciones a la Junta Directiva tanto de manera informal (a través de los mass-media culés) como de manera formal: organizando peñas y asociaciones de peñas además de hacer reuniones de socios compromisarios (los socios que más pagan) cada año, además de establecer reuniones periódicas de un senado barcelonista (los socios más antiguos aconsejan). En mi idea de club, la Junta se encargaría esencialmente de la estabilidad de la entidad, sabiendo cómo compaginar medios y fines y cómo utilizar ciertas maneras tan opacas como honestas –en el mundo de los deportes de élite, y sobre todo en el fútbol europeo, a veces cuánto más mafioso eres, mejor te saldrán las cosas; es triste, pero hasta que la FIFA y la UEFA no hagan algo al respecto, que es dudoso, las cosas serán tal y como he escrito–. Así, la Junta se mantendría al margen de toda decisión deportiva, estableciendo límites y valores en cada una de ellas, buscando siempre lo mejor de la entidad. El personaje del secretario técnico, o director deportivo, del área futbolística, desaparecería a favor del entrenador, quien debería ser un verdadero mánager a la inglesa, tipo Ferguson, Wenger o Benítez. Igualmente pasaría desde el básquet al jóquey. Guardiola, por ejemplo, debería mantener sus riendas en el primer equipo sin intromisiones de la Junta tanto en noviembre como en julio.

Si los primeros equipos serían “autónomos”, en los que sus responsables se reunirían con directivos cada semana, los equipos inferiores estarían más ligados a un área específica de crecimiento deportivo continuo, un área tan ligada a los primeros equipos como a la dirección específica de las canteras. Para ello, la ciudad deportiva debería ser un auténtico mundillo a parte en el que todos los deportes llevados a cabo por el FCB se vieran potenciados desde los 4-6 años hasta las edades profesionales. La Junta Directiva vigilaría en primera instancia a las canteras, puesto que vigilaría asimismo los fundamentos de los primeros equipos: las canteras mantendrían automáticamente los valores del barcelonismo (esfuerzo, ambición, estética deportiva…) además del compromiso con dichos valores (una manía culé desde tiempos inmemoriales), y los mejores de los mejores subirían a los primeros equipos cuando los managers lo dispusiesen. Las canteras en la Ciudad Deportiva Joan Gamper serían las mejores canteras dentro de una red de pequeñas canteras, los XICS, desperdigadas por el mundo tanto para ayudar a la ONU como para ayudar al Barça en sí mismo. Así, los valores del barcelonismo no solamente se conseguirían con victorias dentro de las canchas, sino ante todo fuera de ellas.

La Junta debería también saber cómo mantener al barcelonismo siempre unido. Éste es uno de los asuntos más peliagudos. Al culé de a pie no le gusta ver mensajes impertinentes y presidentes payasos ni maneras maleducadas ni pompas ni chulerías. El culé se caracteriza por ser un orgulloso de su club, por ser austero en todo, por amar la mayor estética posible en el juego y en las victorias (vencer convenciendo), por aborrecer la prepotencia y la arrogancia tanto de los culés como de los demás clubes deportivos, sean los que sean. Es una rara avis del fútbol español europeo. Ah, y tampoco gusta que un presidente o algún directivo se posicionen claramente a favor de una idea nacionalista, instalando el adjetivo “Lliure” después de gritar “Visca el Barça i Visca Catalunya!”. Este es un lema tradicional y magnético del barcelonismo que ensalza el honor de ser culé y recuerda dónde nació el FCB, en Catalunya. Pero no por ello el Barça debe estar encerrado en “este pequeño país dentro de otro país mayor”, como dijo una vez el presidente Núñez. Si un culé exclama “Visca el Barça, Visca Catalunya i Visca Espanya!” debería ser francamente protegido por la Junta Directiva que lo representa. El Barça debería desenlazarse de todo movimiento independentista, aunque jamás renegar de su origen catalán y catalanista. Se puede ser catalanista y amar a España. El barcelonismo, al fin y al cabo, puede ayudar a que Catalunya sea respetada fuera de sus fronteras tanto en España como en la UE o en los otros continentes. El FCB debe posicionarse como un instrumento polivalente y necesario para Catalunya y debe mantener lazos muy estrechos con los demás clubes deportivos de Catalunya: nunca imponiendo qué línea deportiva y “nacionalista” seguir, pero sí estableciendo un mutuo y férreo respeto.

Una vía para garantizar la estabilidad de la entidad sería organizar Asambleas de Socios Compromisarios cada seis meses, una en septiembre y otra en febrero, acompañadas por unas reuniones trimestrales de la Junta con el Senado Barcelonista y una reunión anual entre la Junta y la Asociación de Peñas (uno o dos representantes de cada peña barcelonista). La Junta Directiva, a sabiendas que muchísimos aficionados no pueden ser socios, debería crear un área directiva especial de quejas, una especie de “ventanilla burocrática” especializada en filtrar aquellas quejas más frecuentes de los no-socios. Estos mecanismos deberían garantizar que las grandes cantidades de adulaciones que recibe la Junta en tiempos de gloria, que pueden hacer de la Junta un grupúsculo de pijos estúpidos arrogantes, sean en todo momento bicho a evitar. Interesa en todo momento que la modestia y la humildad, de puertas afuera, sean el imperativo de la Junta y del club en general. Adicionalmente, el presidente en persona, o un vicepresidente, debería reunirse semanalmente con los directores de los principales diarios culés de España para esclarecerles toda cuestión que tuvieren, sobre asuntos de la entidad en general. Aunque en todo momento podría utilizarlos como propaganda, tal y como hacen otros clubes deportivos para apaciguar al socio y al no-socio. Cada trimestre, después de las reuniones con el Senado culé, el presidente debería hacer una rueda de prensa larga y tendida sobre asuntos del club (qué se hizo, se hace, se hará).

Los mandatos de una Junta Directiva no deberían ultrapasar los seis años por mandato a uno prorrogable, dejando a cada Junta 12 años de mandato. Durante las elecciones, todas las campañas deberían reunirse con los responsables de las secciones para conocer de primera mano qué se cuece en las secciones y garantizar, al final, que la nueva Junta no dañaría aquellos asuntos bien encaminados, sino que ofrecería soluciones en las cuestiones peliagudas. De todas formas, los responsables de las secciones no deberían obligar a votar ni pronunciarse sobre sus preferencias. La meta de todo el barcelonismo sería sencilla: el barcelonismo en sí mismo, siempre estable y ganador.

PS: he puesto el primer escudo del Barça, el de 1899, porque me parecía más original que poner el actual (más guapo, claro).

lunes, 6 de julio de 2009

Sobre el ser superior

florentino-perezUna de las cosas más interesantes que está sucediendo en el fútbol español actual, y de rebote en el fútbol europeo en general, es la vuelta de Don Florentino Pérez al club de su corazón, el Real Madrid. Es interesante por tres cuestiones: porque vuelve; porque está tratando asuntos deportivos con máximas financiero-económicas muy discutidas pero legítimas al fin y al cabo; y porque está llenando su club de los mejores jugadores de fútbol que, por ahora, rondan por el continente.

Servidor es barcelonista; normalmente tengo un punto de vista muy culé sobre todo lo que rodea al Real, aunque entiendo que Barça y Real, aun siendo vasos comunicantes, son dos cuerpos bien distintos con almas diferentes pero órganos y metas similares. Dicho eso, intento hacer una reflexión objetiva sobre lo que está acaeciendo en el Real últimamente, y por consiguiente en la Liga nuestra y en todos sus clubes –el Barça en primera línea, por supuesto–.

Florentino ya estuvo aquí. Ésa es la única verdad que puede rodearle, por ahora –el presente del fútbol es un acertijo, su futuro una (des)dichada incógnita–. Él sabe que el Real Madrid, para ser el más poderoso en Europa, debe serlo también en España; por eso, su máxima es buscar la manera más factible de cómo neutralizar a su archirrival directo (el FCBarcelona). Lo demostró en 2000, jodiendo, y nunca mejor dicho, tanto al jugador que fichó como a una afición que hizo, junto a su club, una travesía del desierto que duró cuatro largos años. En 2000, un Florentino Pérez poco conocido ganó, contra pronóstico, las elecciones de su club a un presidente que había ganado dos Champions (ahí es nada), jurando llevar a un capitán portugués del Barça –Luis Figo– al Real: desestabilizó al postnuñismo de Gaspart, que estaba en plena descomposición porque no había sabido cuajar los cambios coyunturales y estructurales del fútbol español y europeo de los primeros años del siglo XXI (Florentino y el Real, sí), y así dejó histérico e inestable al barcelonismo y, por ende, al Barcelona en sí mismo. Así, en 2001 el Real de Florentino hizo el famosísimo pelotazo de la antigua ciudad deportiva del Madrid para sanear las finanzas del club (normalmente hechas trizas); ganó la Liga y se trajo a Zidane. En 2002 hizo doblete y obras: Liga, la novena Champions y la construcción de la ciudad deportiva más grande y moderna de Europa, además de unos retoques en el estadio Santiago Bernabéu. En 2002 llevó a Ronaldo. Y en 2003, cuando el Barça se replanteaba su alma, se trajo a Beckham, jodiendo al recién electo presidente culé Laporta… o eso era lo que creía.

Porque si la primera etapa de Florentino –la segunda aún debe ser escrita– se divide en dos, es por culpa, entre otras cosas, del Barça: cuando el club blaugrana estaba enfermo, el Real era imbatible; cuando el Barça comenzó a tener fuerzas suficientes como para llegar a los primeros puestos de la tabla, el Real comenzó a tener problemas. Y esos problemas no eran exclusivamente internos: vestuario pijo, directiva complaciente, presidente convertido en ser superior, vaivén de entrenadores, fichajes extraños (ya no quedaban cracks por Europa porque ya estaban fichados, así que recalaron tipos como Owen o Walter Samuel) y palco convertido en Bolsa de Madrid. Esos problemas eran, también, externos: influencia de la prensa del corazón, mayor peso de los intereses económicos (en mayor medida relacionados con el tocho) por encima de los deportivos, prepotencia creciente y desestabilizadora de la prensa y demás mass-media madridistas, y mayor competitividad deportiva tanto en España como en Europa.

De hecho, de 2000 a 2003 el Real gana dos ligas y una Champions. Pero de 2003 a la dimisión de Florentino Pérez en 2006 el Real no gana nada en lo deportivo (aunque sigue siendo un poderoso compendio de intereses económicos): en 2004 se le escapa la Liga, que va al Valencia, quedando el Barcelona segundo y el Madrid cuarto por detrás del Deportivo; en noviembre de 2005 soporta un humillante y aplaudido 0-3 del Barcelona al Madrid en el Santiago Bernabéu; en la temporada 2006, él se fue prometiendo no volver.

Por lo visto, la presidencia de Ramón Calderón en el Real (2006-2009), un ex colega de Florentino Pérez –ahora enemigos desde 2006–, ha sido la preparación de la vuelta del ser superior. Según lo que cotillean las radios y los periodistas no afines a Florentino, el ser superior allanó el terreno para retomar el poder con mayores garantías de mandar sin los posibles problemas que tuvo en su primera etapa: ha consolidado su poder de decisión en los mass-media merengues, convirtiéndose en causa y efecto de las noticias que la prensa madridista vomita, y ha reforzado su poder de influencia en los órganos de poder económico –y por ende, político– de Madrid capital. Volvió sin hacer campaña y en dos semanas ya estaba como presidente del Real, hiendo cada tarde –él o Valdano– a una radio diferente para decir más o menos lo mismo: fichar a los mejores, convertir al Real en referencia deportiva mundial, ganar títulos y gloria. ¿Y qué estrategia sigue? La misma que cuando llegó por primera vez, pero con mayores garantías: neutralizar al Barça (el tricampeón de 2009, el que ha “destrozado” al Real con un 2-6 bestial, y mejor entidad deportiva del mundo ahora mismo) en todo: reventando el mercado de fichajes, pujar por los fichajes del Barça, amenazar con pagar cláusulas de jugadores culés, apareciendo en todos los medios como protagonista de las noticias. Y por ahora lo está consiguiendo gracias al mal savoir-faire de los directivos del Barça (deslegitimados por gran parte del barcelonismo).

La temporada 2009-10 se presenta muy interesante gracias al ser superior. En España se pasearán los mejores jugadores de fútbol del mundo. Será apasionante ver clásicos. El nivel futbolístico de España subirá como la espuma.

Un último apunte: fijaos que el Real se parece a una república presidencialista, pues manda más el presidente que el entrenador; mientras que en Barça es todo lo contrario, el presidente está deslegitimado por la afición y los socios, mientras que el “peso” del liderazgo recae sobre el entrenador Guardiola, convirtiéndose el Barça en una especie de república parlamentaria donde manda más el grueso de la afición con un líder elegido por ellos e “invitado” acertadamente por el presidente para guiar el estado de ánimo del barcelonismo. Lo que suceda en el futuro lo decidirá el destino.

sábado, 27 de junio de 2009

Etica nel calcio? Chissà

Ultimamente l’economia mondiale si sta comportando più come una scordinata musica di Discoteca burina e truzzona che nel ritmo poco melodico ma stabile degli anni scorsi, soprattutto dei Happy Nineties, come piace ricordare agli americani il loro piccolo e intenso momento di gloria avvenutasi durante e solamente gli anni ‘90 del secolo scorso, col presidente puttaniere Clinton (poi hanno voluto rivestirsi da imbecilli e, poveretti, ci hanno fatto tenere quel poverino di George W., comunque quelle sono altre storie). Adesso l’economia, di per sé in un circolo d’autodistruzione permanente durante qualche anno –benvenuti alla crisi!-, o diciamola meglio: la perversione dell’economia, sta distruggendo anche il calcio europeo. E, aimé, era una crónica de una muerte anunciada.

Ebbene sí. Questo post può sembrare il tipico articolo d’opinione d’uno sconosciuto con idee demagogiche e populiste come un qualsiasi esponente della classe media europea dei nostri giorni, ma anch’io penso che il nostro amato calcio europeo, il migliore del pianeta, stia cominciando a soffrire seriamente, e sottolineo seriamente, la perversione dell’economia capitalista. È per tutti chiaro che sebbene il capitalismo è l’unico sistema economico valido e legittimato per garantire tutti i sogni degli esseri umani, anch’è vero che tale sistema dev’essere perennemente vigilato dallo Stato, o da qualche istituzione che garantisca una minima morale: un’etica. Poco fa il neo-presidente degli Stati Uniti Barack Obama s’è fatto seguire da tutti i leader europei, ma anche dai Medvedev, Lula, eccetera, che vedono le loro economie in stabile crescita anche in periodi di seria crisi, di creare un’istituzione che garantisca il fair-play tanto nel FMI come nel World Bank.

Nel calcio europeo i nuovi stipendi che riceveranno gli strafamosi Riccardo Kakà e Cristiano Ronaldo dal Real Madrid di don Florentino Pérez (dieci milioni di euro a testa per quattro anni) e le cifre astronomiche che ha pagato il patron dei madridisti ai patron del Milan per Kakà e a quelli del ManU per CR7 sembra che abbiano aperto la porta alla volontà dei super-arabi del ManCity di voler pagare cifre ancora più elevate per altri giocatori. Non è una notizia se scrivo che il calciomercato attuale è secco, praticamente schizofrenico dopo gli acquisti di Florentino. I grandi club calcistici si sono ritirati, sebbene superficialmente e momentaneamente, dal mercato, aspettando che ci sia un primo tra di loro che ricominci a toccare le manopole magiche (cioè i giocatori più importanti). In mezzo a queste polemiche, cosa dice Blatter? Benedice Floren (sono amici…). E cosa pensa Platini? Dobbiamo creare un’istituzione che garantisca il savoir-fair tra i club. Grazie a Dio!

L’idea è creare una Comissione o un Comitato nella UEFA, e quindi della stessa UEFA, che vigili il lavoro degli intermediari, Agenti FIFA e altri topi che infangano il calcio. Chi non è stanco di leggere nomi di personaggi oscuri tipo Migliaccio, Carvajal, Bosco Leite, Roberto de Assís, El-Mihkri…? Perchè quando finiscono i campionati sono più importanti le scelte di queste persone ai patti club-giocatori? Ultimamente, i giocatori seguono i rappresentanti, e non viceversa (per esempio, a Barcellona è nota la leggenda che il rappresentante di Stoichkov voleva più soldi quando aveva ricevuto l’offerta di Núñez e Cruyff, nei primi ‘90, e si era posto come obiettivo non vendere il suo rappresentato finché lo stesso Hristo lo minacciò non solo con spedirlo). E questo, come molti desiderano, potrebbe cambiare dalla stagione 2010-11. Dobbiamo crederci? Mah… Io so solo che il calcio è uno sport stupendo, ma che si abbandona come una puttana ai desideri spesso perversi di burocratici, agenti, intermediari e comissioni varie che, per nostra disgrazia, lo stesso calcio genera.

viernes, 19 de junio de 2009

From AC

Aquí dejo algunos textos que he ido escribiendo para la web Azione Culturale: http://www.myspace.com/azioneculturale 

--Ya os aviso que debe ser un rollazo leerlos… Yo no consigo releérmelos ;) Más abajo hay posts mejores --

El Hueco

Ludwig Feuerbach comentó hacia la mitad del siglo XIX que Dios era una creación más de la mente del hombre, quien lo creaba a su imagen y semejanza; siguiendo las teorías de la alienación de Feuerbach, se comentó que su blasfemia no podía tolerarse y la Iglesia lo excomulgó, aunque quizá a él no le importó demasiado. En la misma línea de la polémica dentro de la religión, Carlos Marx hizo el famoso comentario: la religión es el opio del pueblo, en alusión a la necesidad primigenia de las personas en creer en algo abstracto y superior y, a la vez, organizarse en comunidad a partir de esas creencias, puestas como base de la moral. Mucho más lejos fue Federico Nietzsche, quien anunció la muerte de Dios, para mayor desmayo del Santo Pontífice con curia incluida.

Lo que nos venían a decir esos filósofos sobre la necesidad de creer era el hecho de desmitificar a un ser humano que cada vez era menos invisible a ojos del mismo ser humano, puesto que la ciencia había evolucionado considerablemente y Darwin ya había expuesto su teoría de la evolución, que fue aclamada en todo el mundo civilizado. Se pasaba de la filosofía de Spinoza, Pascal, Descartes…, donde Dios no era estudiado como un objeto empírico, sino aún como un ente abstracto al que se le debía entregar mucho respeto individual. A partir de la segunda mitad del XIX la religión también entró en los esquemas del estudio humano como ente psicológico. Y hoy, puedo comentar mi punto de vista gracias a esos preámbulos polémicos.

El ser humano es un ser natural, que nace, crece, debe reproducirse, y finalmente muere; un hipopótamo hace ese recorrido natural, pero no mira al mundo que le rodea con los mismos ojos que el humano, quien, desde el momento en que posee cierta razón de la existencia, se pregunta si vale la pena vivir una vida que posee un fin inevitable. Asimismo, el hipopótamo entiende que la muerte –el fin de la vida– vendrá, y lo comprende con resignación; no obstante, el humano no puede concebir que un algo tan poderoso como la muerte se le escape de su entendimiento: es un hueco vacío y negro que debe ser llenado e iluminado, igual que la argamasa o el yeso se utilizan para arreglar paredes. La lógica de la Historia humana es la lógica de la superación de la muerte; cuantos más recursos para la comodidad vital posea el humano, más lejos estará la muerte, lleno estará el hueco, y mayor tiempo de búsqueda quedará. La religión es una muleta que ayuda a la superación de la muerte; las creencias –con dogmas, mitos y leyendas– crean un abanico imaginario que llenan el primer hueco: aquel de la explicación de la muerte. Acto seguido, aquellas creencias se institucionalizan para poder mantenerse, naciendo así las comunidades de sacerdocio, bien estructuradas jerárquicamente: la Iglesia Católica con el Papa, los cardenales, los arzobispos, los obispos… Los lamas tibetanos con su Dalai-Lama. Cada comunidad musulmana, por muy pequeña que sea, con su imán principal. Las creencias sirven para mantener al ser humano dentro del mundo, del universo, del espacio. Son agua de colonia que perfuma la razón y el instinto del humano de moral, de ética, de ideales de justicia, libertad, igualdad, de qué está bien y qué está mal, buscando el camino perfecto a la no muerte, a no llegar a ella –si no se entiende al hueco, entonces más vale evitarlo. La institucionalización de las creencias conlleva la determinante institucionalización de cierta moral, que servirá para mantener e institucionalizar, a su vez, a un determinado poder político, el resumen más sintético posible para la organización en comunidad de individuos humanos. Al finalizar todo este recorrido de manutenciones, el bienestar asumido, la estabilidad de un individuo dentro de la comunidad que se mantiene está irremediablemente asolada por preguntas que ponen en tela de juicio a la institucionalización de las creencias; como si se quisiera salvaguardar a la moral. Se da cuenta de que la consiguiente humanización de las creencias para la mayor estabilidad de la comunidad es la simple corrupción de la moral –las revoluciones socialistas son buen ejemplo de ello–. ¿Cómo se puede vivir en la hipocresía? Por ello, se buscan nuevas creencias, alejadas de la falsedad, de lo establecido que se ha corrompido… Es la simple reunión cíclica de creencias que buscan la irredención y la perfección, creencias que han surgido de mentes conscientes de su imperfección de entender aquello que puede ser irredento y perfecto; que para mantener a las creencias necesitan institucionalizarlas en moral, que a su vez será institucionalizada en poder político para que pueda ser mantenida. Uno de esos tres filósofos antes comentados –me refiero a Marx– se ha convertido en una especie de divinidad para muchas comunidades, que lo ven el primer “profeta” de un sistema que nace de sus ideas, convertidas en creencias para la moral socialista.

Así nacen los ídolos, los héroes, los mitos y los dioses –y lo mejor de todo es que nacen en cualquier paso de aquel camino abstracto y profundo, monopolio del humano.

 

El peor profe

Cuando escuché la risa de mi amiga un escalofrío me recorrió la espalda, atravesó las puñeteras cervicales y consiguió convertir mi pobre cerebro, mi pobrecita sesera, en un cubito de hielo. Me sentí el coronel Aureliano Buendía frente el pelotón de fusilamiento: la risotada aguda y extremadamente ridícula de aquella colega de clase, de una chica con voz de camionero porque eterna fumadora, de esa mujercita con pendientes muy parecidos a hoola-hops o a apoyos de papagayos multicolores, había conseguido que el profe, un ser diminuto e imbécil, un burócrata altivo, tímidamente desgraciado y casi calvo –sonreía como George W.– sacara una pistola de entre sus grises bolsillos de funcionario tedioso y se disparara una bala en plena cabeza, destrozando su cráneo y lanzando un chorro de sangre hacia atrás, hacia la pizarra, oyéndose un sonido ensordecedor parecido a la traca reseca pero aún lista a explotar. El chorro rojizo y luminoso empapó la pizarra, como si de repente la muerte quisiera pintar un cuadro ultramoderno, más allá de lo contemporáneo.

Y el chillido: casi veinte personas dejaron escapar un grito único de horror y sorpresa aterrada ante la maniquea imagen del peor profesor universitario que habían tenido y visto jamás. En medio de la histeria colectiva, de los cuerpos nerviosos y asustados, el cadáver del funcionario –con la cara completamente roja y solo dos grandes puntos blancos que tal vez seguían siendo los ojos– cayó lentamente sobre la cátedra. La libertad que tanto jaleaba que poseía (“Tengo libertad de cátedra y vosotros no”, solía repetir con su cagada voz monótona) lo había traicionado.

Y la chica con pendientes tan grandes como aros indios de Bollywood calló: su risa desapareció a la par que todo su ser. El diablo, o la muerte, o el fin de los días, se había aparecido en una clase cualquiera de una universidad pública cualquiera de una ciudad mediterránea cualquiera –aunque si se prefiere, que esa urbe sea Barcelona, que por eso la tenemos cerca.

En pocos minutos, cuando la cabeza del peor catedrático del universo aún rezumaba humo de bala, el aula se fue llenando de personas: el fin de uno de los peores seres humanos de la historia, y era uno de los peores porque una vez muerto nadie lo recordaría (así que estaba doblemente muerto: por una parte nadie lo amó y por otra nadie lo odió, así que era una pobre cosita insignificante en medio de una tempestad ordenada llamada burocracia), se había convertido en una atracción singular del aula 31. Primero se acercaron los alumnos, después el personal de mantenimiento, luego sus colegas profesores, finalmente los cuerpos de seguridad. Una nube incolora de preguntas llenó la facultad: ¿por qué? ¿por qué? ¿cómo? ¿por qué? No lo sé. Nadie lo podía entender: ¿quién demonios puede llegar a entender que de repente se aparezca una chica que ríe en medio de una lección politológica aburrida y entonces el profe con libertad de cátedra saca un revólver y se vuele su puta tapa de los sesos ante sus incrédulos, hormonados y granulentos pupilos? “Claro, se entiende…”, comentó la policía. “Sí, sí… la verdad es que se entiende”, suspiraron los otros profes. “Bueno, pues ya se marchó”, sentenció el decano.

Entonces una manta tapa el cuerpo; un señor canoso y calmo limpia la pizarra y el suelo; todos se van; y los alumnos ven entrar un nuevo profesor con libertad de cátedra. Ese nuevo funcionario es joven, tranquilo, guay. Es amigo de todos los demás catedráticos; se ha formado en esa facultad; conoce a muchos individuos que trabajan en su ramo; domina el argot de sus faenas. Lleva perilla, cabello marrón un poco largo y ropas austeras. Da bien la clase; es simpático, enrollado, muestra autoridad y sabe interrelacionarse con los alumnos. Hasta que de repente dos intensas y negras ojeras aparecen bajo sus óculos ya amarillentos. Tan ocres como el mundo que le rodea, nuestra hermosa y aristocrática burocracia latina.

 

Amando la Experiencia

<<Hablar de amor es recurrir a la más enorme falacia. O eso era lo que, hasta estos momentos creía. Personalmente, odiaba al Amor, aquella palabra tan repetida y por tanto sobrevalorada. Ella tiene un valor sagrado que debe resplandecer en nuestros sesos, debe abrir nuestros puntos de vista y nuestras propias meninges y encontrar un puñetero punto en el que, nosotros, el pueblo, debamos exclamar una mentira: ¿te amo? ¡Qué imbecilidad!>>

¿Por qué el speaker se desgañitaba exclamando esas mismas palabras una y otra vez? Estaba inmerso, él, en una nube de té de peyote, con la cara naranja y completamente desnudo, como si Dios lo acabase de posar sobre la Tierra, y él, el desnudo, seguía hablando con monotonía y aspaviento sobre el Amor, <<algo etéreo>>. Junto a mí estaba doña Crisa, una mujer que tal vez me imaginaba, pues aún estoy drogado –me la he pasado follando hasta hace cinco minutos y, como Dean Moriarty, amo la verdad, es decir, amor joder–, y doña Crisa, la misma Crisa de los ojos verdes como esmeraldas de corales caribeños (¿adónde he metido la lógica? Y me río, suelto una carcajada) me susurra al oído lo que tengo que escribir: que estamos estirados ante una marabunta de personajillos drogados de cualquier cosa, que estamos en 1969, que estamos escuchando al verborréico hombre desnudo (por cierto, aún lleva los picos de su última inyección de caballo) decir sandeces sobre el amor –¡los polvos!– y escuchando la Experiencia, oh sí, la santa y beata experiencia de la Verdad, de un negro asombroso que mantiene entre sus brazos y manos de negro una espléndida guitarra que resuena, que nos abruma la mente, ¡las meninges!, y doña Crisa suelta un hilo de voz de sirena y, como un personaje digno de la mente de Gabo, exclama un orgasmo sin lógica. Porque allí estamos, esperando a Tricky Dick y a Spiro y al futuro desdichado y a la volatilización de la esperanza y la felicidad y la pureza y la dignidad. Hasta que vuelve a resonar la Experiencia…

sábado, 30 de mayo de 2009

Gràcies, sant Pep!

No ha estat un miracle: el Futbol Club Barcelona ha guanyat la seva tercera Copa d’Europa a Roma, la ciutat imperial, l’any 2009, l’any del 110 aniversari del millor club esportiu del món. Ha estat l’obra d’un sant que ens equilibra, que ens manté, que personalitza tots els valors del nostre club: el cèsar Pep Guardiola, un beat, un sant, un home que en la temporada 2008-2009 s’ha convertit en una espècie de messies, reformulant i reprenent la millor qualitat dels tres anteriors i grans entrenadors holandesos: l’exigència de Cruyff, la organització de Van Gaal i el savoi-fer de Rijkaard. Pep Guardiola s’ha convertit en un mite; és el líder que el Barça esperaba.

Hi ha una llarga llista d’adjectius per a obsequiar a aquest Barça in excelso, a l’art que ha plasmat per tot arreu, imprimint la seva ambició allà on anava, destrossant rivals (el 2-6 al Bernabéu a un xulesc Reial Madrid va ser una bomba) esbossant esforç, orgull i força, però sobretot humilitat i modèstia. I tot per a que l’entorn se sentís tranquil, equilibrat i esperançat, una qualitat, aquesta última, que ha conquerit al culé, patidor de mena.

Ara només ens queda recordar la Màgica Temporada 2008-2009 amb un nou adjectiu: la Màgica Temporada del Triple. Visca el Barça i Visca en Pep Guardiola!

PS: merengues, tot aquell tema de si “per què ens recordem de vosaltres” i etcètera és ben simple, seguiu essent l’únic rival que pot fer-nos ombra, i viceversa. Barça i Real són dos vèrtex d’una mateixa equació; sense un, l’altre no s’entén.

[En castellano] ¡Gracias, san Pep!

No ha sido un milagro: el Futbol Club Barcelona ha ganado su tercera Copa de Europa en Roma, la ciudad imperial, el año 2009, año del 110 aniversario del mejor club deportivo del mundo. Ha sido obra de un santo que nos equilibra, que nos mantiene y que personaliza todos los valores de nuestro club: el césar Pep Guardiola, un beato, un santo, un hombre que en la temporada 2008-2009 se ha convertido en una especie de mesías, reformulando y retomando lo mejor de los tres grandes entrenadores holandeses anteriores a él: la exigencia de Cruyff, la organización de Van Gaal y el savoir-fer de Rijkaard. Pep Guardiola se ha convertido en un mito; es el líder que el Barça esperaba.

Hay una retahíla larguísima de adjetivos para agasajar a este Barça in excelso, a ese arte que ha obrado por todas partes, imprimiendo su ambición por doquier, destrozando rivales (el 2-6 en el Bernabéu a un chulesco Real Madrid fue una bomba), esbozando esfuerzo, orgullo y fuerza, aunque sobre todo ello, humildad y modestia. Todo ello para que el dichoso entorno se sintiera tranquilo, equilibrado y esperanzado, una cualidad, esta última, que ha conquistado al culé, sufridor de mena.

Ahora nos queda recordar la Mágica Temporada 2008-2009 como aquella Mágica Temporada del Triplete. Visca el Barça i Visca en Pep Guardiola!

PS: merengues, eso de acordarnos de vosotros es simple, seguís siendo el rival que puede hacernos sombra, y viceversa. Barça y Real son dos vértices de una misma ecuación; sin uno, el otro no se comprende.

[In Italiano] Grazie, san Pep!

Non è stato un miracolo: il Futbol Club Barcellona ha vinto la sua terza Coppa d’Europa a Roma, la città imperiale, l’anno 2009, anno del 110 anniversario del miglior club sportivo al mondo. È stata l’opera di un santo che ci mantiene e che è la personificazione dei valori primigenei del nostro club: il caesar Pep Guardiola, un beato, un santo, un uomo che nella stagione 2008-2009 è diventato una specie di messia, riformulando e riprendendo le tre migliori qualità dei tre allenatori olandesi anteriori a lui: l’esigenza di Cruyff, l’organizzazione di Van Gaal e il savoir-fer di Rijkaard. Pep Guardiola è diventato un mito; è il leader che il Barcellona stava aspettando.

C’è una lunga lista di aggettivi per regalare a questo magico Barcellona in excelso, all’arte che ha operato dappertutto, imprimendo la propria ambizione ovunque, distruggendo i rivali (il mítico 2-6 contro un Real di fighetti è una bomba), stampando il proprio sforzo, orgoglio e potenza, ma soprattutto umiltà e modestia. E tutto questo s’è fatto anche per mantenere la tranquillità del famoso entorno, i tifosi culé, tipica e tradizionalmente sofferenti. Il ricordo è glorioso ed eterno: la Magica Stagione 2008-2009 delle Tre Coppe. Visca el Barça i Visca en Pep Guardiola!

lunes, 11 de mayo de 2009

Manual Kissinger

9780141018140 Estoy leyendo Nixon & Kissinger: Partners in Power, de Robert Dallek. Es el relato de la relación, podríamos decir que amorosa, entre el presidente Richard Nixon (en el poder entre 1969 y 1974) y su “consejero espiritual” Henry Kissinger, quien le fue secretario de la Seguridad Nacional (National Security Counselor) entre 1969 y 1971, y más tarde secretario de Estado (State Secretary), entre 1971 y 1974. Quiero haceros partícipes de mi asombro mientras voy leyendo este libro: la relación Nixon-Kissinger era lo más parecido a una matrimoniada de Telecinco pero en escala nacional-americana e internacional: esos dos señores mantuvieron a su antojo los designios de las potencias filoamericanas, y tanto se necesitaban como se detestaban.

Nixon (quien fue diputado, miembro del comité maccarthista, vicepresidente, y al fin presidente) fue un cuáquero nacido en la más absoluta austeridad cristiana protestante de California; era de familia humilde y estudió Derecho en universidades también humildes. Esto es lo que comentaba, varias veces, a sus allegados sobre John F. Kennedy: “¡Ese malnacido hijo de papá, católico besa-manos-del-Papa!”. Y una de sus más sonadas: “¿Por qué me humilla de esta manera? ¿Por qué no he estudiado en esa ratonera de liberales [Harvard]?”, comentando su mala imagen dada durante el primer debate televisado en la campaña presidencial de 1960; dicen que Kennedy ganó por guapo… El caso es que más de una vez Nixon repudió a su amiguete Kissinger, llamándolo “sucio judío” y cosas por el estilo (hijo de puta, ambicioso de mierda, espía alemán, europeo encubierto, etc.) Con todo, Nixon, al dimitir por el Watergate, miró a los ojos a Henry y le soltó algo así como: “Tú sí que sabes cómo cabalgar sobre el poder”.

Y es que Henry Kissinger es (porque aún está vivo; Nixon murió en 1994) un inmigrante judío alemán que escapó del nazismo y se refugió en los USA, donde estudió como una rata de biblioteca (¿os recuerda a alguien de clase?), de manera compulsiva hasta alcanzar la Casa Blanca e ir turnando sus trabajos públicos con su cátedra de Harvard. Un intelectual de esos que Nixon no aguantaba. Esto es lo que comentó de Richard en una fiesta posterior a un mitin que dio Nixon en la campaña de 1968 para quitarle la presidencia a los Demócratas (con Lyndon B. Johnson en la Casa Blanca y el lodazal de Vietnam en plena ebullición): “No da la talla para ser presidente”. Para luego saludar a Richard y comentarle: “Si hacemos lo que es necesario, todas las probabilidades están a nuestro favor”. Y Nixon ganó las elecciones.

Henry Kissinger es el cinismo. Punto. Aquí os dejo algunas frases antológicas de Henry Kissinger, quien aún vive, quien es tan odiado como admirado, y quien aún trabaja en Harvard.

Lo ilegal lo hacemos inmediatamente. Lo inconstitucional toma un poquito más de tiempo.

En política no interesa la verdad; lo que cuenta es lo que la gente percibe como verdad. (¡TPT!)

Si bien es cierto que no debemos renunciar a nuestros principios, también debemos darnos cuenta que no podemos mantener nuestros principios a menos que sobrevivamos. (¡El medio rural, que sigue sobreviviendo a la industria, a la especulación, a los camacus, a los…!)

Ser inteligente no es muy importante en el ejercicio del poder. Es más, a menudo, ser inteligente no sirve de nada. (¡Benassa! Noooo, I’m joking!)

No veo por qué tenemos que cruzarnos de brazos y presenciar que una nación [Chile] se convierta en comunista sólo por la irresponsabilidad de su pueblo. Los puntos en discusión son demasiado importantes como para dejar que los electores [chilenos] decidan por ellos mismos.

La ausencia de alternativas esclarece la mente en forma maravillosa. (Playing Fer!)

El ejército convencional pierde si no gana. La guerrilla gana si no pierde. (¡Esta frase parece estar dedicada a Luchito!)

Acepta todo acerca de ti mismo, de veras: todo. Tú eres tú, y ése es el comienzo y el final. Nada de excusas ni remordimientos. (¡Y Churitza conoció a Henry!)

La próxima semana no puede haber ninguna crisis. Mi agenda de trabajo ya está llena. (¡Esta es para Silvio, tan necesitado de tiempo libre!)

En este libro [sus Memorias] estoy siendo franco respecto a mí mismo. Confieso a los lectores mi primer error en la página 850. (¡Lollo podría decir lo mismo!)

En situaciones de crisis, el camino más osado es el más seguro. (¡Para el ministro de Corrupción del CdS-TPT!)

La moderación es una virtud sólo en aquellos que se cree tienen una alternativa. (¡Quique andaba por ahí!)

Si hacemos lo que es necesario, todas las probabilidades están a nuestro favor.

Sí, es cierto. Ese tipo [Augusto Pinochet] es un hijo de puta. Pero recuerde que es nuestro hijo de puta.

Si no sabes dónde estás yendo, ningún camino te conducirá a ningún sitio. (¡Para quien reflexiona desde el Vallés!)

El deber del líder es conducir a su gente de dónde está adonde todavía no ha estado. (¡Para mí, que ya sueño con ir a Marte y colonizar el espacio!)

Para estar totalmente seguro acerca de algo, uno debe saber todo acerca de ese algo, o simplemente no saber nada. (¡Algo relacionado con el saber del Nacherito!)

A mayor cantidad de tiempo que no desempeño un cargo público, más me siento infalible.

La acción encubierta [de la CIA] no debe confundirse con el trabajo de religiosos misioneros.

Ser enemigo de los Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo de los Estados Unidos es fatal.

Cada éxito sólo es un boleto de entrada a un problema más difícil. (¡Para Stefano y Alejo, que salen de un proyecto para caer en otro y luego en otro y luego…!)

El poder es el más grande afrodisíaco. (¡Para todos los politólogos!)

Pues eso, que el Fraga americano da para mucho. Pero para saber más, leed.